5.21.2009

luz amarillo miel

justo a las 7:12 am se filtra una luz amarilla, cálida, húmeda y tranquilizante a través de mi ventana. cuando estoy despierto a esa hora es porque he sido víctima del insomnio de nuevo, o porque me he despertado muy temprano y no puedo consciliar el sueño de nuevo. no se. el caso es que esa luz es hermosa, color amarillo miel, jodidamente hermosa y sedante. arrulla y te hace sentir muy bien.

¿cuál es el mejor cliché de todos? ¿cuál es la cosa mas cursi y mas aberrante y mas cheesy y sin embargo la mas cierta y embriagante de todas?

que despertar abrazado a la persona que más amas en todo el mundo es lo mejor que puede haber. lo mejor.

sentir su respiración apacible y tibia.

su cuerpo ajustarse al tuyo

sus brazos calentándote y haciendote sentir una perla dentro de la mejor concha de todas, protegiéndote del sucio, intempestivo, voraz y cruel mar.

amo tanto a esa persona... no se, me siento un cliché diciendo eso

el mejor cliché de todos.

5.11.2009

zona muerta

No es decadencia, sino lo que le sigue. Es algo turbio, como un vaso con agua verdosa agitándose con todo y sus protozooarios dentro. Con nosotros y ellos dentro. Luego de trabajar y de tener problemas con las herramientas de trabajo y sudar y comer poco o nada, de viajar en metro y luego en taxi, de llegar y sumergir la cara en el lavabo lleno, de buscar una playera, o algo... luego de todo eso el Covadonga parece más atiborrado y aburrido de lo que parecía minutos antes de llegar. Todos los que estan pero no todos los que son, o algo asi. El caso es que estan todos y no esta nadie. Lleno de gente, de alcohol, de platos con tortilla española a medias, de tortas, caldos de camarón, olores fétidos, arrugas sudororsas, profundas halitosis, egos desmembrados, figuras rotas, pequeños gigantes, enanos mutantes... atascado.

Es la fiesta de Enrique Guerrero y demás galerías previas a la inauguración de Zona Maco. Por un lado pasa Gabriel Orozco y la congelada de uva por el otro. Zélika rodeada siempre, frondosa, exhuberante en un vestido lila, agasajándo a los invitados. No solo hay arte en la próxima vendimia. Hay mucho más. Hay cerveza gratis, digo esto es una fiesta ¿No? ¿Y quién hace una fiesta sin darle siquiera una miserable cerveza a sus invitados? Mucha gente sería la respuesta a eso. Hay cerveza gratis decía en la parte trasera de la enorme cantina donde todos, sin importar quienes seamos, ni con qué objeto, estamos reunidos. Para llegar hay que pasar enmedio de una densa marea humana. La cruzamos.

- ¿A donde vas?

- Atrás, voy por cerveza.

- Güey esta atascado, mejor tomatela aqui.

-Atrás es gratis

-Aca cuesta treinta, no mames, yo te la pago...

Conversaciones asi y por el estilo. Las inseguridades de siempre, los egos mallugados de siempre. El salón trasero atascado y sin cerveza, con gente que no tiene nada que evr con el arte, ni con la moda, ni con la música, ni con la economía ni con nada... Gorditos sonrientes que juegan a ser galerista far away from home. Música de fiesta de escuela de artes. Veinte años después.

LA INAUGURACIÓN

Días, horas antes de la pandemia, o la casi pandemia, el centro Banamex nos había tragado y dábamos vueltas por un salón enorme, cuadriculado, acomodado. Mucha gente dando vueltas, saludándose, viendo los stands con gesto adusto y ojos entre cerrados. Hay alguien que estudiaba conmigo paseándose en los pasillos. Recuerdo sus pláticas, sus gustos musicales, sus faltas de ortografía, su nulo interés, ya no se diga en el arte, sino en lo que sucedia a su alrededor, su fascismo region 4, su vergonzosa e indignante ignorancia de clase alta, su brilloso y cínico rostro de púber sobrealimentado... y el verlo aquí, en traje de 3 piezas, me parece un resumen.

Casitas de cartón incendiándose. Un montón de veladoras rojas en forma de pene amarrados simulando un montón de dinamita. Una lámina morada y acanalada. Un lienzo con manchas cafés. Un cristal estrellado. Montones de cajas de cartón: agujeradas, amontonadas, acomodadas. Una manta de plástico con una impresión de lo que parece un ojo. Tubos de luz neón en todas las formas que al cliente se le ocurra o se le antoje. Y desde el Perú una joya: un French Poodle disecado, mostrando colmillos y con un cenicero encima...

¿Los precios? Un promedio de entre 2000 y 10 000 billetes verdes.

¿Quién da más?

YOOOOOOOOOOOOOOO

Las ancianas cansadas de cargar sus bolsos de mal gusto y sus inútiles y plastificadas hijas descansan en la isla-bar tomando traguitos caros y comiendo comida refrigerada. Hay carritos vendiendo cerveza. Los galeristas beben champagne en sus stands, celebrando la venta del día. Hay más hombres con manicura y con hebillas de logo de muy mal gusto (un deporte nacional de ricos: comprar la ropa mas ordinaria, simple y fea por la mayor cantidad de dinero) que en un bar neoyorkino de homosexuales, pero si hiciéramos una encuesta, resultaría que aquí habria menos sodomitas que en Iran. Funny.

Los maquillstas de la barra matutina de Televisa, los que son dos hermanos afeminados con extensiones: el modelo del homosexual Televisa, pasan corriendo junto a mi, la gente se marcha, a paso lento.

Pero aqui no acaba todo...

La fiesta de la colección Jumex tiene lugar en su sede en Ecatepec. Opulencia vs Marginación. Hummers y demás autos de mal gusto (creo que aquí hay un patrón...) y una serie de autobuses auspiciados por los anfitriones llenan de gente una hermosa y elegante carpa ubicada a lado de la bodega de la colección. Hay comida y licor sin fin. Todos bebemos y comemos y reímos y nos pasamos un momento estupendo. La Coleccion Jumex sirve para hacer feliz a la gente.

La Colección Jumex apoya al arte.

Se nos invita a salir fuera de la carpa para presenciar cómo se enciende la obra que un artista hizo ex profeso para el lugar y la ocasión. Pocos salen. El resto esperamos dentro, con una copa en la mano, sonriendo, platicando, descansando.

El resto del programa Maco se vio truncado por la llegada de un nuevo virus al mundo. No supe qué paso en la fiesta en honor a Gabiel Orozco de Kurimanzutto, ni en el cocktail en honor a Yoshua Okon y Artemio en el Condesa DF, ni en la fiesta de Proyectos Monclova en el museo de Historia Natural ni en la fiesta de Aldo Chaparro en el museo del Eco...

correción: sí se que pasó

todos lo sabemos

un mundo maravilloso el del arte.

5.10.2009

María.1

Odio volar. Frase cliché. Pero un cliché aterrador, angustiante. No soporto los asientos, ni las ventanillas, ni las azafatas, ni los pequeños ruidos, los crujiditos, los rechinidos, ni a los demás pasajeros fingiendo una tranquilidad estática, silenciosa, de manos entrecerradas sobre el regazo. No importa si el vuelo dura media hora o 20, cada segundo pienso en la posibilidad de que el avión caiga, al mar, a tierra, da igual. Pienso en lo angustiante de la caida: la lámina volando en pedazos, el cielo sobre nosotros... Las maletas, las mascarillas, piernas, orejas, todo volando alrededor... Siempre he creido que de encontrarme en un accidente aéreo me gustaría que una enorme maleta reventara mi craneo de inmediato para no darme cuenta, morir tranquila. Los valiums, los tafiles, el alcohol durante el vuelo, todo es un mito. La muerte te quiere despierto, siempre. Te quiere presente y que le veas a los ojos, y si alguien no lo cree es porque nunca ha visto morir a nadie. Hasta los pájaros, y los perros, y los gatos, todos lanzan un último suspiro al verla.

Lo odio.

Sin embargo cada vez que llego aquí tengo que abrir la ventanilla, atreverme a mirar afuera. No puedo dejar de ver ese monstruo tragandome, jalándome hacia sus hedientas entrañas, hacia su corazón. Líneas y líneas de bloques de cemento gris o multicolor, sin ton ni son. Luces parpadeantes, edificios, caos, aullidos... Ciudad de México. El avión, a punto de estrellarse contra la pista de aterrizaje, de hacerse añicos, por fin se detiene. Por fin estoy esperando mi maleta, caminando hacia el mostrador de los taxis. Por fin esta en la cajuela y yo en el asiento trasero, rumbo a mi hogar. Pero odio viajar en taxi...

el sudor del taxista
su plática
su nulo respeto a las señales de tránsito
a los límites de velocidad
la música de la rádio
el retrovisor
sus ojos inyectados, sonrientes, amenazantes...

Lo odio.

5.09.2009

insomnia

aqui bailan

en jalisco se mueren


mal augurio...


espero que no

5.08.2009

miedo

El virus me atacó a mi. No esto seguro si el virus, o si fue una amigdalitis cualquiera, o influenza humana... lo sabré hasta dentro de 10 días. Burocracia. Entre que son peras o son manzanas, me dan Tamiflu y no salir de casa, por 5 días. Fiebre, 41 grados, dolor intenso, ardor de garganta... en realidad nada que requiera hospitalización (ni dificultad para respirar, ni dolor agudo de pecho, ni sangre en los fluidos, ni perdida de consciencia... cuando uno ve lo que son las dificultades se da cuenta que lo suyo, afortunadamente, son nimiedades). Me cuida, me tranquiliza. Pierdo el control a veces, me tranquiliza. No puedo dormir, me acaricia y me cuida. No puedo tranquilizarme... su voz me tranquiliza.

hoy me siento mejor

Hoy abrieron los bares y los restaurantes. Hoy la gente sale a la calle, hoy ya no tengo casi fiebre ni tanto dolor corporal. Tengo nauseas, pocas. Tengo ardor de garganta, mucho. Desde mi cuarto me entero que todos salen a las calles y abarrotan cines y teatros, bares y discotecas, salas de masaje, todo.

Las luces del Oasis se encienden

escucho a los participantes de la karaoke night....

entonces aparece el miedo.

Miedo porque no han pasado ni dos semanas de que se descubrió el virus, de que estabamos en alerta roja, de que la ciudad estaba desierta, de que todos corrían a resguardarse.... y ahora, 13 días después estan tomando y comiendo y bailando y disfrutando y escupiendose los unos a los otros en sus caras.

Miedo porque todos van en metro y en camiones o en sus autos sin tapabocas, contaminandose, exponiendose, exponiéndonos, exponiéndolo...

me da miedo, mucho miedo que por culpa de tanto pendejo nihilista, mi vida, o peor aun, la de los que amo, pueda verse afectada en un futuro.

Shame on you Mexico City

Shame on you Planet Earth

5.04.2009

boxeadores

En el edificio de enfrente hay un gimnasio clandestino. El edificio de enfrente, en primer lugar, solía ser un cine. Enorme, gris y avejentado. En la parte de arriba tiene varias bodegas vacias, a las que parece no haber entrado nadie en años. En la parte de abajo hay locales. Algunos vacíos y otros ocupados: por una taquería y una reparadora de máquinas de escribir y equipo de oficina. Literal.

Pero eso no es lo que nos concierne ahora. La parte más interesante es la de los departamentos que estan sobre la reparadora. Espacios abandonados aparentemente por años. Algunos vidrios rotos, puertas y molduras de madera maple. Paredes de un azul o un verde viejo. Espacios amplios. Los dos primeros estan ocupados. El primero parece ser el hogar de una familia. La mayor parte del tiempo unas gruesas y baratas telas blancas impiden ver el interior. A veces la madre se cansa, se sofoca y quita las telas para dejar pasar un poco de aire, de luz. Me imagino que disfruta cocinar a la luz del sol, aunque sea en el microondas pero a la luz del sol, muy tradicional. Siempre parece estar cocinando. El segundo espacio ocupado es un gimnasio de box clandestino. Tiene unas cuantas cortinas blancas que se transparentan y no sirven de mucho. Todas las tardes se reunen ahí hombres de todas las edades, incluso niños, a entrenar: hacer lagartijas, sentadillas, abdominales. Saltan la cuerda. golpean la pera.

Nosotros disfrutamos viéndolos.

El maestro parece ser el mayor de todos ellos. Mi vecina dice que es un antiguo campeón del boxeo venido a menos. Dice que se gastó todo su dinero en putas y en trasvestis de garibaldi y que ahora tuvo que invadir propiedad ajena para instalar su gimnasio. Un gimnasio para construir nuevos ídolos. Suena lógico.

En realidad no sabemos nada de ellos. No sabemos si son okupas de buena y rancia estirpe o si son los dueños de la cosntrucción entera. No sabemos si el refrigerador, el microondas, las mesas, las pantallas, los equipos de sonido y en resumen todo, proviene del contrabando y el mercado negro, o si son producto de las ganancias del maestro de boxeo.

It's not our bussiness.

Los alumnos entrenan frente a nosotros, mientras fingimos comer cuete con champiñones. Tomamos margaritas y hacemos comentarios lascivos. Es obvio que ellos saben de nuestras lúbricas miradas, de nuestras turbias intenciones al hacer esta larga y obsesiva sobremesa. Chacales. Uno de ellos hace series extraordinariamente rápidas de lagartijas. "Parece que esta cojiendo..." En efecto, sus bien formadas nalgas suben y bajan al mismo tiempo que su espalda ancha y contorneada gracias a la fuerza de sus bien formados brazos. Los pants comprados en la Merced se le ajustan al cuerpo y el sigue con su rutina de ejercicio. Nos mira a veces.

Beck hace bromas cada vez más subidas de tono. El color de su piel cambia y su cuello palpita. Se quita las sandalias y se sienta sobre el marco de la ventana. Les grita algo pero ellos no lo escuchan.

Se termina la clase de hoy. El maestro baja y despide a sus alumnos. El niño gordo nos mira todo el tiempo. Me imagino lo mucho que disfruta y que odia al mismo tiempo estar en los entrenamientos. Querer ser como ellos, tener sus cuerpos y cojerse a sus viejas. Dejar de ser un niño gordo y feo. Pobre. Dejar de ser el niño feo, gordo y pobre que habita un edificio abandonado, con su padre el maestro de boxeo que se gastó su dinero en putas y trasvestis, con su mama que se ahoga por las tardes y tumba el escondite para ser normal, y sus hermanos feos gordos y tristes, maricones quizás.

it's not our bussiness...

5.03.2009

1.2

Un picnic.

Por la tarde en la azotea del edificio armamos algo. Nuestra vecina y nosotros. Vino y latas de sardinas, mejillones, atún. Algunas otras conservas que no logro descifrar. El viento es duro, implacable. Nada es lo que parece. Permanecemos sentados, agarrando el mantel con ambas manos: ocho manos sosteniendo un mantel cuadriculado que el viento trata de llevarse lejos, a la colonia Obrera o mas allá. Tontos, ebrios, discutimos un poco. Me resulta risible, solo un poco, la actitud pedante de uno de nosotros. Defender lo indefendible. Su niño, su pequeño. Siempre es lo mismo. Ya no me divierte. Todo se ha vuelto tan aburrido...

el cielo púrpura sobre su rostro redondo, su enorme sonrisa, femenina. Los Tigres del norte, Fever Ray, Karina. Playlist de cocktail, desolado y desquiciado, apropiado para lo que hay por el momento. De postre un panque de nata. El pequeño lo deja orear 20 minutos: suficiente para matar los virus dice. Nos reimos, comemos, la tarde ha terminado.

Dejamos de sostener el mantel y lo llevamos de regreso. Salsa valentina y catsup. Un poco de asco. La enorme R de Ramada Hotels al fondo....

Todo sigue igual.

5.02.2009

herramienta ligera.

El sol. Las primeras luces de neon encendiendose. Para nada. La calle completamente vacía y el billar abierto. Hay un extraño olor a sal en el ambiente, como a costa. Pero eso es imposible porque estamos en un valle. El valle de México. A cientos de kilómetros de distancia de la costa más cercana, atrapados en una ciudad ahogada, sofocada por los virus llegados del universo. Lo leí en un periódico, los científicos creen que los virus de la influenza provienen del universo, del polvo estelar para ser más precisos. Insecticida galáctico.

A mi hermana la atacó.

A mi madre también.

La poca gente que camina despacio frente a la ventana parece perdida, cansada. Es un bonito día en el que no hay nada que hacer, en el que sientes la necesidad de bailar y beber hasta que se te nuble la vista y se acabe el alcohol y entonces ponerte el tapabocas y salir corriendo por más, bajo la aplastante luz del billar vacío.

antes esto era un nido...

ahora parece una tumba.

Cae la noche. Los polícias sin cara comienzan su ronda. Despacio, rítmicos. Nosotros comenzamos a beber. Un rito. Un rito ininterrumpido por esta peste que se resiste a irse. En el fondo sabemos que no se ira nunca. Que ya nada podrá volver a ser lo mismo.

Nunca lo es.